El actor y director que alcanzó la fama gracias a su recordada incursión en el spaghetti western, ha vinculado por entero su trayectoria a este género.
A lo largo de la historia del séptimo arte, Hollywood ha logrado encontrar en cada época a una serie de intérpretes que se han erigido en referentes del wéstern. De este modo, durante la época muda, dos actores compitieron por el trono dentro del género tratando de imponer sus propios estilos: Por un lado, el actor Tom Mix se erigió en la primera gran estrella del wéstern gracias a una serie de personajes heróicos y valientes que defendían la justicia y que ganaron relevancia gracias a las impresionantes acrobacias a caballo y al despliegue físico que el actor fue capaz de realizar en películas como ‘El desafío de Single Park’(E. A. Martin, 1917) o ‘El asalto al tren expreso’ (Lewis Seiler, 1926). Por otra parte, Harry Carey se especializó en papeles más oscuros y contenidos, dando vida a personajes de moral cuestionable que en el último instante deciden hacer lo correcto, siendo un precursor del concepto de antihéroe. En el momento álgido de su fama, el actor inició una fructífera colaboración con un joven director que pocas décadas más tarde cambiaría para siempre el género: John Ford.
Así pues, tras el final de la época muda, fue el propio Ford el que lanzó al estrellato a John Wayne gracias a su papel en ‘La diligencia’ (John Ford, 1939). Posiblemente Wayne haya sido la estrella más famosa que el wéstern haya dado jamás, brillando en películas como ‘Río Rojo’ (Howard Hawks y Arthur Rosson, 1948), ‘Centauros del desierto’ (John Ford, 1956), ‘Río Bravo’ (Howard Hawks, 1959), o ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ (1962). El actor se especializó en personajes duros y seguros de sí mismos, y tras toda una vida entregada al género, finalmente pudo alzarse con el Oscar en la categoría de Mejor actor principal gracias a su papel en ‘Valor de ley’ (Henry Hathway, 1969).
Al mismo tiempo que figuras como Wayne vivían sus últimos años de carrera, el spaghetti western explotó en Europa y nació una nueva forma de enfocar el género que atrajo consigo a una nueva hornada de icónicos intérpretes. Entre ellos destacaron Franco Nero, famoso por películas como ‘Django’ (Sergio Corbucci, 1966) o ‘Salario para matar’ (Sergio Corbucci, 1968); o el divertido dúo integrado por Terence Hill y Bud Spencer que ganó notoriedad gracias a películas como ‘Le llamaban Trinidad’ (Enzo Barboni, 1970). No obstante, si una figura emergió con más fuerza que ningún otro actor dentro de los estándares del spaghetti western ese fue Clint Eastwood, quien tras un inició errático de su carrera cinematográfica se instaló en Europa durante la década de los 60 para rodar junto al realizador italiano Sergio Leone la famosa ‘trilogía del dólar’, compuesta por ‘Por un puñado de dólares’ (1964), ‘La muerte tenía un precio’ (1965), y ‘El bueno, el feo y el malo’ (1966).
Clint Eastwood, sobre Estados Unidos: «No es como Europa»
Tras su irrupción en el género, Clint Eastwood consiguió convertirse en uno de los actores de wéstern más legendarios de la historia del séptimo arte gracias a otra serie de exitosos filmes, algunos de ellos dirigidos por él mismo, entre los que destacan ‘La leyenda de la ciudad sin nombre’ (Joshua Logan, 1969), ‘Infierno de cobardes’ (Clint Eastwood, 1973), ‘El jinete pálido’ (Clint Eastwood, 1985), o ‘Sin perdón’ (Clint Eastwood, 1992), cinta esta última por la que ganó el premio Oscar en la categoría de Mejor director. La influencia de Eastwood en el wéstern es incalculable, y el actor y director se ha establecido como una de las figuras más legendarias de su historia, explicando el vínculo que le une a este género en concreto:“Me siento muy cercano al western. Sinceramente, Estados Unidos no es como Europa. Aquí no hay muchas formas de arte originales. La mayoría derivan de formas de arte europeas. Aparte del western, el jazz o el blues, eso es todo lo que es realmente original”.


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